Miles de estrellas he acechado, pero ninguna me ilustra y me encandila como aquella, ya que me torna de azules violáceos y placeres mundanos. Si, es tan hermosa, que si la pudiese alcanzar, estoy seguro que no dejaría de brillar.
Que sentimiento más hermoso, puesto que oculta lo majo y afable de aquel entorno. Besos van y mimos vienen, en aquéllos periquetes que me permiten rosar tu tez. En fin, los abrazos se asen cortos y no creo poder palparlo, pero me conformo con admiradlo en aquellos tiempos de antaño.
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